Hubo un momento en la
literatura en el que los vampiros eran seres tenebrosos que habitaban en las
catacumbas de imponentes castillos decrépitos, se alimentaban solo de sangre
humana y realizaban sus cacerías durante el día, puesto que los rayos del sol
eran para ellos un peligro mortal. Por fortuna, si este vampiro nos convence
más que la adulterada versión que se nos suele presentar hoy en día, solo hay
que ir a la biblioteca más cercana, llevarse Drácula de Bram Stoker a casa y hundir la nariz en sus páginas.
Esta novela fue
publicada en 1897, y desde ese momento no han dejado de sucederse publicaciones
y ediciones diversas en distintos idiomas, llegando a ser considerada una de
las mayores obras literarias de terror. Fue además, la obra más destacada de
Stoker, que generalmente escribía cuentos como La copa de cristal y no novelas. En el momento de su publicación, recibió
elogios de otros destacados escritores británicos como Oscar Wilde o Sir Arthur
Conan Doyle.
La historia de este
libro nos presenta a Jonathan Harker, un joven abogado británico que se ve
obligado a viajar a los Cárpatos para cerrar un negocio con el conde Drácula,
que se presenta en un primer momento como un anciano aristócrata, de maneras
educadas y corteses, pero aferrado a tradiciones y costumbres arcaicas. Poco a
poco Harker descubrirá los extraños comportamientos del conde, así como los
perturbadores hechos que envuelven su figura. El conde viajará posteriormente a
Londres, momento en el que los seres queridos de Jonathan correrán un grave
peligro.
Bram Stoker se basó
para escribir esta novela en numerosas leyendas y cuentos folklóricos relativas
a los vampiros, así como otras obras literarias previas que desarrollaban la
misma temática como El vampiro de
Polidori o Christabel de Samuel
Coleridge.
El estilo de la novela
es tremendamente peculiar, y sus narrativas muy heterogéneas, puesto que la
historia se nos cuenta a través de cartas, telegramas, extractos de los diarios
de los personajes o recortes de artículos en prensa, lo que da lugar a una
tremenda multiplicidad de narradores, cada cual con sus propias
características. Sin embargo, la mayoría de la novela está formada por las
epístolas y los diarios, por lo que predominan en el trascurso del relato la
manifestación de sentimientos, impresiones y sensaciones. Además, esta técnica
de narración da la apariencia de que es el propio lector el que se encuentra
investigando los hechos que se relatan.
Drácula
además,
no es un simple libro de terror cuya única función sea la de generar miedo en
el lector, sino que es también una historia de la eterna lucha del bien contra
el mal. Se nos presenta al vampiro y a sus aliados como seres despiadados y
crueles que se sirven de cualquier treta y estratagema para conseguir
satisfacer sus apetitos e instintos más sangrientos, y frente a estos, encontramos
a los protagonistas, que se ven forzados a combatirlos con todos los medios de
los que disponen.
Asimismo, es
recomendable leer esta obra para conocer de primera mano la historia, puesto
que las versiones y adaptaciones modernas suelen incluir varios fallos graves,
tales como el de presentarnos la figura del doctor Van Helsing como el de un
cazador de monstruos, cuando es más un intelectual que un aventurero.
Referencias documentales:
Belinchón, Gregorio (2012). Drácula llora a Bram Stoker. El País digital. Recuperado de http://cultura.elpais.com/cultura/2012/04/19/actualidad/1334865024_998571.html
Lacueva Poveda, Amando (2012) Drácula de Bram Stoker. [mensaje en un blog]. Recuperado de http://resenyasliterarias.blogspot.com.es/2012/02/dracula-de-bram-stoker.html
Stoker, Bram (1993) Drácula. Plaza y Janés editores. Barcelona, España