viernes, 4 de diciembre de 2015

Vampiros de ajos y estacas

Hubo un momento en la literatura en el que los vampiros eran seres tenebrosos que habitaban en las catacumbas de imponentes castillos decrépitos, se alimentaban solo de sangre humana y realizaban sus cacerías durante el día, puesto que los rayos del sol eran para ellos un peligro mortal. Por fortuna, si este vampiro nos convence más que la adulterada versión que se nos suele presentar hoy en día, solo hay que ir a la biblioteca más cercana, llevarse Drácula de Bram Stoker a casa y hundir la nariz en sus páginas.

Esta novela fue publicada en 1897, y desde ese momento no han dejado de sucederse publicaciones y ediciones diversas en distintos idiomas, llegando a ser considerada una de las mayores obras literarias de terror. Fue además, la obra más destacada de Stoker, que generalmente escribía cuentos como La copa de cristal y no novelas. En el momento de su publicación, recibió elogios de otros destacados escritores británicos como Oscar Wilde o Sir Arthur Conan Doyle.

La historia de este libro nos presenta a Jonathan Harker, un joven abogado británico que se ve obligado a viajar a los Cárpatos para cerrar un negocio con el conde Drácula, que se presenta en un primer momento como un anciano aristócrata, de maneras educadas y corteses, pero aferrado a tradiciones y costumbres arcaicas. Poco a poco Harker descubrirá los extraños comportamientos del conde, así como los perturbadores hechos que envuelven su figura. El conde viajará posteriormente a Londres, momento en el que los seres queridos de Jonathan correrán un grave peligro.

Bram Stoker se basó para escribir esta novela en numerosas leyendas y cuentos folklóricos relativas a los vampiros, así como otras obras literarias previas que desarrollaban la misma temática como El vampiro de Polidori o Christabel de Samuel Coleridge.

El estilo de la novela es tremendamente peculiar, y sus narrativas muy heterogéneas, puesto que la historia se nos cuenta a través de cartas, telegramas, extractos de los diarios de los personajes o recortes de artículos en prensa, lo que da lugar a una tremenda multiplicidad de narradores, cada cual con sus propias características. Sin embargo, la mayoría de la novela está formada por las epístolas y los diarios, por lo que predominan en el trascurso del relato la manifestación de sentimientos, impresiones y sensaciones. Además, esta técnica de narración da la apariencia de que es el propio lector el que se encuentra investigando los hechos que se relatan.

Drácula además, no es un simple libro de terror cuya única función sea la de generar miedo en el lector, sino que es también una historia de la eterna lucha del bien contra el mal. Se nos presenta al vampiro y a sus aliados como seres despiadados y crueles que se sirven de cualquier treta y estratagema para conseguir satisfacer sus apetitos e instintos más sangrientos, y frente a estos, encontramos a los protagonistas, que se ven forzados a combatirlos con todos los medios de los que disponen.


Asimismo, es recomendable leer esta obra para conocer de primera mano la historia, puesto que las versiones y adaptaciones modernas suelen incluir varios fallos graves, tales como el de presentarnos la figura del doctor Van Helsing como el de un cazador de monstruos, cuando es más un intelectual que un aventurero.

Referencias documentales:

Belinchón, Gregorio (2012). Drácula llora a Bram Stoker. El País digital. Recuperado de http://cultura.elpais.com/cultura/2012/04/19/actualidad/1334865024_998571.html

Lacueva Poveda, Amando (2012) Drácula de Bram Stoker. [mensaje en un blog]. Recuperado de http://resenyasliterarias.blogspot.com.es/2012/02/dracula-de-bram-stoker.html

Stoker, Bram (1993) Drácula. Plaza y Janés editores. Barcelona, España