domingo, 7 de febrero de 2016

La perla, de John Steinbeck

Steinbeck es un autor sureño. Eso se demuestra en sus obras, no solo porque tengan como marco el sur de los Estados Unidos.

La perla es una obra de contrastes. Tanto en sus personajes, fuertemente estratificados por las desigualdades sociales, como en su estilo, que alterna con naturalidad los diálogos escuetos y parcos con descripciones llenas de lirismo.

La historia se desarrolla en una pequeña localidad costera del sur de los Estados Unidos, en el que una pareja de jóvenes pescadores, Kino y Juana viven con su pequeño hijo, Coyotito. Pese a su extrema pobreza son felices, hasta que Kino  encuentra una enorme perla en el mar, y lo que podría parecer el final de sus penurias se convierte en una pesadilla.

A través de este relato, Steinbeck es capaz de invitar a la reflexión respecto a temas profundos como la discriminación, el azar y la codicia, centrándose especialmente  en este último, que arrastra a los protagonistas a un final trágico. Sin embargo, no aparece ningún juicio de valor, no se vislumbra ninguna opinión en lo narrado, tan solo se presenta la situación para que sea el lector el que  juzgue.

Respecto al estilo, cabe destacar en primer lugar la extensión de la obra. La Perla se encuentra a caballo entre el cuento y la novela corta, con un narrador omnisciente,  muy pocos personajes, varios de ellos sin nombre siquiera y un lenguaje de gran lirismo, que vincula escenas relatadas con canciones, creando así una lectura fuertemente sensorial y sugerente que tiende a la emoción frente al raciocinio.


En conclusión, la perla es una presentación lírica, pero a la vez alejada de los sucesos que muestra, de la situación de pobreza, desigualdad y discriminación en el sur de los Estados Unidos que sirve además como pretexto para   incitar al lector a reflexionar acerca de la codicia.