Steinbeck es un autor
sureño. Eso se demuestra en sus obras, no solo porque tengan como marco el sur
de los Estados Unidos.
La perla es una obra de
contrastes. Tanto en sus personajes, fuertemente estratificados por las
desigualdades sociales, como en su estilo, que alterna con naturalidad los
diálogos escuetos y parcos con descripciones llenas de lirismo.
La historia se
desarrolla en una pequeña localidad costera del sur de los Estados Unidos, en
el que una pareja de jóvenes pescadores, Kino y Juana viven con su pequeño
hijo, Coyotito. Pese a su extrema pobreza son felices, hasta que Kino encuentra una enorme perla en el mar, y lo
que podría parecer el final de sus penurias se convierte en una pesadilla.
A través de este
relato, Steinbeck es capaz de invitar a la reflexión respecto a temas profundos
como la discriminación, el azar y la codicia, centrándose especialmente en este último, que arrastra a los
protagonistas a un final trágico. Sin embargo, no aparece ningún juicio de
valor, no se vislumbra ninguna opinión en lo narrado, tan solo se presenta la
situación para que sea el lector el que juzgue.
Respecto al estilo,
cabe destacar en primer lugar la extensión de la obra. La Perla se encuentra a
caballo entre el cuento y la novela corta, con un narrador omnisciente, muy pocos personajes, varios de ellos sin
nombre siquiera y un lenguaje de gran lirismo, que vincula escenas relatadas
con canciones, creando así una lectura fuertemente sensorial y sugerente que
tiende a la emoción frente al raciocinio.
En conclusión, la perla
es una presentación lírica, pero a la vez alejada de los sucesos que muestra,
de la situación de pobreza, desigualdad y discriminación en el sur de los
Estados Unidos que sirve además como pretexto para incitar al lector a reflexionar acerca de la
codicia.
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